Bandurria

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En Asturias se conoce como bandurria a un instrumento de cuerda frotada, que en épocas no muy lejanas debió de encontrarse cuando menos en gran parte de los concejos del oriente, pero del que únicamente quedan datos directos en el concejo de Caso.

Todos los ejemplares conocidos están hechos de una única pieza de madera, tienen forma aguitarrada y la caja vaciada, usando una piel de cordero a manera de tapa.

El puente (caballu), plano, condiciona la técnica a la hora de atacar las tres cuerdas del instrumento, que han de frotarse a un tiempo.

El restriellu es la pieza que sujeta las cuerdas, que son de tripa, a la caja; generalmente se fabrica de madera, aunque algún ejemplar lo tiene hecho de hueso. Siempre está finamente tallado.

Se sienta el músico para tocar y coloca la bandurria en posición vertical, apoyando la parte de abajo de la caja entre las piernas, al tiempo apoya el mástil sobre el pulgar de la mano izquierda y usa los otros cuatro dedos para pisar las cuerdas.

Con la mano derecha sujeta el rabil o callau, que ambos nombres recibe, hecho de un palo convexo y pelos de cola de caballo; se tensa con la presión de la mano, y se desliza, frotando las cuerdas, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, manteniéndolo siempre en el plano horizontal.

Los dedos marcan las notas sobre las dos primeras cuerdas, haciendo la tercera de bordón, emitiendo una nota continua. La afinación va de tónica a tónica con una cuarta descendente en la del medio (Do, Sol, Do y también Re, La, Re).

Aunque todos los ejemplares actualmente conocidos parecen proceder del concejo Casín y posiblemente del pueblo de Caliao, incluidos algunos llevados a Argentina por emigrantes, es posible que fuera conocido en otras partes del país, al menos así parece indicarlo un fragmento de un poema de Xosefa Xovellanos a finales del siglo XVIII, en que refiere los actos acontecidos en Oviedo con motivo de las Exequias del rey Carlos III:

Sofitados en nna barba
Unos bandurrios pequeños,
Al solmenayos les cuerdes
Con arquinos de civiellu
Chillaben que yera cosa
De perder un home el sesu.

No menos de una veintena de instrumentistas están censados en el concejo Casín a lo largo del siglo XX, todos ellos con instrumento propio y diferente al de todos los demás; instrumentos hechos al gusto y según las habilidades de cada uno, no podemos olvidar que hablamos de una zona famosa por sus madreñeros, que en ocasiones crean instrumentos con una profusión de adornos y gran finura en el trabajo, especialmente en el restriellu y la parte posterior de la caja.

El instrumento tiene poco volumen sonoro, dadas sus reducidas dimensiones,- no se conocen ejemplares de más de 70 cm de longitud, no llegando a 24 cm. la parte mas ancha de las cajas-, por lo que normalmente se tocaba para pequeños auditorios "xunto al llar", o la puerta casa para diversión después del trabajo; quizá por ello mucho del repertorio sea desenfadado con coplas humorísticas y picarescas, en las que era importante la capacidad de improvisación y la gracia del tañedor. También era habitual acompañar romances, canciones tradicionales y tonada.

A mediados de los años 90 murió Cefero Traviesas, el último nexo de unión con los bandurrieros antiguos, su maestro, al que se debe una gran parte del repertorio hoy conocido, David Caballín, había desaparecido en 1983. No obstante el futuro del instrumento parece asegurado, el trabajo de Manuel López, Juanjo Prado, Xuacu Amieva y especialmente en los últimos quince años Daniel Garcia Cuesta han permitido recuperar mucho del repertorio y profundizar en los más variados aspectos del instrumento.

La implantación de su enseñanza en dos escuelas como La Quintana en Gijón o La de Música tradicional de Oviedo también han contribuido a su desarrollo y a aumentar el corpus de tocadores.

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